Era tan fuerte la energía de su bosque…

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Al atardecer vieron los límites de Moprayla. Era imponente: los árboles se unían unos con otros para formar una barrera impenetrable, ni siquiera la luz del sol lograba atravesarla. Cerca de los límites del reino, la vegetación era más abundante, incluso en pleno invierno crecían flores; era un espectáculo increíble. Sólo algunos miembros de la manada de Eleóbar habían conocido Moprayla. Los que no habían tenido esa suerte entraban maravillados.

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