Cuando Lathia conoció al Oscuro, segunda parte

El tiempo se detuvo, el movimiento del agua cesó cuando el hombre encapuchado la miró fijamente, de inmediato regresó su atención a Lathia, quien mantenía una mano sobre la empuñadura de su espada. La hechicera no sabía que hacer, podía sentir una magia poderosa y antigua que irradiaba de esos ojos, ignoraba si sería capaz de hacerle frente pero aun así no se subordinaría a nada ni a nadie; nunca lo hizo con su soberana, menos aún con un hombre. Valerosa, dio un paso hacia él sin retirar la mano de la espada, al caminar fue desenvainándola hasta sostenerla frente a ella, justo en medio de su rostro. El intruso entrecerró los ojos y sonrió, malicioso. Lathia blandió su arma con movimientos circulares mientras se acercaba peligrosamente al hombre quien, sin dejar de sonreír, se quitó la capucha con una mano e hizo una exagerada reverencia, se detuvo a medio camino y contempló los ojos claros de la maga. Sus miradas se cruzaron por segundos que a Lathia le parecieron eternos, segundos en los que detuvo el ataque y bajó su espada. El hombre se irguió y anduvo lentamente hacia ella, se hallaban a pocos pasos cuando él tomó su mano y le  besó dorso esbozando la misma maliciosa sonrisa.

–No hay razón para ser descortés con un vagabundo –le dijo sin separar la vista de ella.

Lathia se mantuvo en silencio admirando la belleza de sus rasgos, su delgada y blanca piel, sus brazos fuertes y, esos ojos que la invitaban a cosas prohibidas. No pudo contener un suspiro.

–Volveremos a vernos, hermosa, estamos predestinados –habló mientras hacía otra reverencia y desaparecía en el espeso bosque.

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